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martes, 5 de enero de 1999

Camino de los 7 lagos (Patagonia) en Mountain Bike





Fuimos en Autobus desde Buenos Aires hasta Junín de Los Andes. 20 horas de autobus o algo parecido...





Llegamos, pusimos la rueda delantera, el equipaje en la bici y a andar se ha dicho. Todo el mismo dia que llegamos. Una locura!

Lo primero que hicimos una tremenda subida a unos 35º, no se medirlo exacto. Pero muy pronunciada. Yo era la última, todos habían estado entrenando durante meses y yo decidí a último momento de viajar sin entrenar. Así que mi estado físico era pésimo, le pedía más al corazón de lo que podía dar. Realmente me la jugué.

Cruzamos el Lago Huechulafquen, nos encontramos en una casa con la gente del lugar. Íbamos a entrar en una selva, pero previamente debían registrar nuestros nombres y números de documento. Luego entendimos porque. 

La selva: muy tupida, impresionante, la gente del lugar nos había advertido que era una locura pasar con las bicis. Decidimos hacerlo igualmente.

Tenían razón: nunca tendríamos que haber entrado. Tendríamos que haber ido por la ruta, sin tratar de acortar camino. 

El primer día dentro de la selva: bueno, bastante bien, por la noche dormimos en un claro que encontramos entre esta media selva y medio bosque, escuchamos algún animal salvaje. Yo terminé arriba del único árbol que había en el claro. A lo lejos cuando iluminábamos con las linternas, veíamos ojitos... que miedo! Una de las pocas veces en la vida, que he sentido tanto miedo. Ahora lo cuento y no parece nada, pero en su momento, lo pasé mal.

Mi teoría, era... bueno, si es un puma o un jabalí: atacaría primero al resto y a mi a lo último por estar en el árbol, yo lloraba como una tonta. Parecía una peli de terror. Será por eso que no me gusta ver estas pelis? No lo se. Juro que en ese momento pasan miles de pensamientos por el cerebro. 

Al final, me convencieron que bajara y que no nos pasaría nada. Decidimos dormir haciendo guardia a turnos. Pero creo que al final nos dormimos todos. 

La mañana: escuchamos un ruido muy fuerte, sentíamos que se acercaban a nosotros y escuchábamos campanas. Si señor! Uf, otra vez el miedo, aunque dijimos estás conocen al ser humano, llevan campanas. Serán de algún campo vecino.
Pasaron las vacas, creo que nadie salió a mirar por miedo a que se acercaran hasta las tiendas/carpas.

El día siguiente:
Al inicio bien, pero mis piernas, uf, dijera como quedaron... llenas de cicatrices. Hoy por suerte todo esto no se ve. Hice un tratamiento durante todo el invierno siguiente de 1999. Mi dermatóloga me dijo que debía usar ácidos (son cremas) para que se borraran las cicatrices. 

¿Por qué las cicatrices? En la selva, había muchísimas plantas y muchas con espinas. Era imposible pasar con la bici sin rozarse con las espinas. El camino estaba hecho para que se pasara en fila india. Así que de ahí las cicatrices, sumado a que mi piel es supersensible y a que empezó a llover... fue mortal eso! 

Bueno, seguimos por la selva, llovía, yo era una de las que peor la llevaba. Tenía todas las de perder: sin entrenamiento (casi 6 meses sin andar fuerte en la bici). Además llovía, no teníamos mucha agua, alimento: si, pescado enlatado. En fin, gente de ciudad que no estaba preparada para una selva, con lluvia, espinas, barro y muchas subidas.

Las bicis: fue todo un tema, la selva era dentro de una montaña, prácticamente nos adentramos e íbamos subiendo muy despacio. Había que ayudar a alguna que ya se había accidentado, las bicis llevaban el equipaje, era muchísimo peso. Al subir la montaña con las bicis tan pesadas, el barro y las subidas pronunciadas, era casi imposible. Practicamente de los 8 que íbamos, 3 estábamos en buen estado físico y psíquico. El resto ya había sufrido algún pequeño accidente: estiramiento de algún músculo, rodillas resentidas, o alguna crisis de nervios.

Así que hasta donde pudimos seguimos con la bici. Gastón, uno de nosotros dijo, yo me adelanto y salgo. Era porque era superegocéntrico y según él pediría ayuda. En fin... seguimos y antes de que se hiciera muy tarde dijimos: las bicis se quedan y llevemos una muda de ropa y nada más. 

Yo preferí llevar la carpa (que me había prestado mi amigo), la ropa y mi cuerpo como podía.

Después de no se cuantas horas caminando, y con la inconciencia tranquila que habíamos dejado las bicis, casi al anochecer logramos salir de la maldita selva.

Gendarmería (los militares) ya sabían de nosotros, los ciclistas perdidos por nuestro amigo Gastón.

Gracias a mi carpa, esa noche 5 dormimos en ella. No me pregunten donde durmieron los otros 3, no me acuerdo. 

3er día: nos dejaron usar las termas gratis, nuestras caras deben haber sido terribles. Yo prácticamente estaba a los gritos pelados cuando entré en esas bañaderas muy a la antigua. Las sales en mis cicatrices, eran cuchillos pequeños. Mucho dolor, mucho dolor, pero necesitábamos relajarnos.

Ese día discutimos con nuestro "supuesto" guía, yo fui la que le dijo todo. Y yo era la más pequeña del grupo.

De los 8, sólo continuamos 4...

Otro día sigo...!!!

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